Poemas

Para L.H.B de Katherine Mansfield

Anoche, por primera vez desde tu muerte, caminé contigo, hermano mío, en mi sueño. Estábamos en casa otra vez al lado del arroyo bordeado de altos árboles de bayas, blancas y rojas. “No las toques: son venenosas”, dije. Pero tu mano persistió, y yo advertí un haz de luz de extraña y radiante risotada volando…

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El precio de James Brown

La iglesia Anglicana local ofrece las fotocopias más baratas del barrio a diez centavos la copia. Pero por cuarenta arrugadas hojas te cobran seis dólares. La apenada administradora explica cómo son diez centavos para feligreses y quince centavos para… «otros». Bromea nerviosamente sobre si esto constituye un perjuicio y dice que tú puedes dar lo…

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Canción de Peter Bland

La anciana china que vive al lado coloca su ropa recién lavada sobre un techo de tejas rojas como si estuviera de vuelta en su casa de infancia. Ella se canta a sí misma una canción con largos silencios, una canción que transcurre llena de idas y venidas tal como el mar, exhausto, se mece…

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En el camino de Te Awamutu de Lauris Edmond

Era un pájaro oscuro, plateado al vuelo, aproximándose rápida y torpemente, incluso a ras de suelo, como si ya estuviera herido; pero es inútil pensarlo ahora porque sin impacto aparente, sin ruido seco ni incluso tambaleo de las ruedas, lo maté. Vi una especia de mechón negro y plateado de pétalos girando en el viento…

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La mejor cara de Kevin Ireland

de vino y de pastel y de libros nos abasteceremos después se detendrán los relojes y nunca moriremos sellaremos con clavos las ventanas las puertas con ladrillos y viviremos sobre un colchón en el piso si aun así la muerte viene pondremos nuestra mejor cara aguantaremos la respiración hasta que se vaya

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Un árbol de rosas de Fleur Adcock

Cuando fuimos a vivir a Top Lodge mi madre me dio un árbol de rosas. No tuvo que pagar por él, estaba creciendo ya ahí, alto y viejo, sobre el camino de grava donde solíamos andar en nuestros patines. A nadie más se le permitía cortar los enormes pétalos blancos que olían dulcemente. Fue mío…

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Esa mariposa de Fleur Adcock

(Irene Adcock, 1908-2001, in memoriam) Es verdad lo de la mariposa -una pavo real, inusual ortiguera- que irrumpió en mi ventana abierta. Tú estabas en tu ataúd en Nueva Zelanda. Yo estaba aquí, en mi cálido estudio de Londres, intentando modular mi voz para trabajar como Marilyn sostenía el teléfono sobre tu rostro muerto. No…

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Paletas de Fleur Adcock

El único chocolate que aún me gusta es el oscuro y crujiente parecido a los trozos de los huevos de Pascua que mi padre compartía conmigo afuera de la caravana cuando tenía cuatro años: una argucia para mantenerme callada, y para evitar molestar a la familia a deshoras de la mañana. No nos educaron para…

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¿Por qué no hablas conmigo? de Alistair Campbell

¿Por qué pongo mis cartas de amor en el agujero de un tronco? ¿Por qué meto mis labios en la cicatriz de un árbol y susurro tu nombre? Las arañas despliegan sus redes y atrapan el sol, y sobre mi pisada en el pasto seco las hormigas reconstruyen una ciudad destruida. Las mariposas forman parejas…

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