El hombrecito de crayón naranja

Sam, Sam

mi hombrecito de crayón naranja

te quiero

porque eres lo que haces
y cumpliste lo que dijiste
allá por el 82

yo tenía once años cuando llegaste
a nuestra escuela de Avondale
parecías borracho
pero no eras ningún tonto

como un flautista de Hamelín
sin gloria ni reconocimiento,
tocabas tu propia melodía
y te seguíamos
y te seguíamos

con la camisa colgando como un lema de los Rolling Stones,
desfajada sobre unos vaqueros negros,
signos de exclamación
que atravesaban nuestro la poesía mola para siempre

y te quería


y te seguíamos
y te seguíamos


y seguíamos

tus palabras con sabor a DB Draught,
tus insultos arrastrados cuesta abajo, tus respiraciones, tus cánticos, tus lamentaciones,
tus zancadas, tus temblores, tus gesticulaciones

así que quiero pedirte perdón
sé que nunca me prometiste un jardín de rosas
pero aquí estamos
y estoy haciendo lo que tú hiciste
y estoy contándolo

Sam, Sam,
mi hombrecito de crayón naranja

apenas habíamos empezado
cuando le diste color a mi lengua,
tan lírico, tan trágico, tan cómico,
un Shakespeare kiwi que esquilaba palabras
en el salón de eventos de nuestra escuela,
de una arenga a la siguiente,
y a la otra, y a la que vino después, y a la otra

Sam,
eres un tipo genial

y

te quiero.

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