El ataque a Badgad
en el atardecer un viento arreciado
tumbó los melocotones negros
de las ramas cargadas
uno a uno cayeron
y algunos terminaron entre las rosas
donde las espinas desgarraron su carne
otros fueron a dar a la ribera
y rodaron hacia el río
magullados y embadurnados de polvo
la arena oscura quedó manchada
de negro por la sangre de los melocotones
y cuando llegaron las avispas
y se excitaron
el aire crepitó con su deseo
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Rogelio Guedea