Un don natural
Bajo el alero de mi tejado, incansablemente,
todo el día primaveral, dos gorriones han recolectado
los tallos de las hojas caídas,
mientras yo he estado sentado lamentando tu ausencia.
Todo el día, los gorriones han urdido con trocitos
de paja y palitos finos un nido para protegerse
de las inclemencias del viento,
y tal vez han introducido en su diseño
un hilito de la ropa que usaste, y una hebra de tu pelo,
ya que en todo lo que hacen se muestran apasionados
por la línea, la medida, la resistencia, y toman
lo que está cerca, y les es útil.
Todo el día he estado sentado recordando tu rostro,
y mirando cómo los pálidos tallos, entrelazados
por un misterioso proceso, han adquirido
de pronto un don natural.
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Rogelio Guedea