Sobre la originalidad
Poetas, los quiero seguir a todos,
del bosque a la ciudad,
de la ciudad al bosque.
Al primero lo estrangulo.
Le quito la navaja
y la adhiero a mi tobillo en la entrada de una tienda.
Después salgo a la calle
pellizcándome las uñas.
Bebo con un hombre
que ama a las jovencitas.
Cada verso es un cadáver fresco.
Nos hacemos amigos de una muchacha.
Cuando él se inclina sobre su cuerpo
para desnudarla
yo deslizo el filo de la navaja entre sus costillas.
Silbando una melodía, tomo su pistola.
Anudo su bufanda sin cuidado alrededor de mi cuello,
y
arrastro al siguiente a un despoblado.
En la ribera de un río cavo
un limpio agujero en su frente.
Movido por la poesía
pongo su cartera en un sobre de correo
y se la envío a su viuda.
Me embolso su pistola.
Esto es un avance.
Por ejemplo, ya casi amanece.
Amontono ahora una arma sobre otra
y salgo a la busca de más.
Es un mundo difícil.
Cada palabra es otra herida.
Esta es mi guarnición de armas.
Este es mi ramaje lírico.
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Rogelio Guedea