Desayuno con Strindberg
para Karin Bellman and C.K Stead
Strindberg ha venido a desayunar.
Naturalmente, estamos contentos pero
parece cansado, triste,
desaliñado.
Le pregunto si algo le pasa.
Me mira con
sus pálidos ojos azules
y se encoge de hombros:
“Nada”, balbucea.
“Casi nada”.
Para animarlo
lo invito a sentarse a la mesa
y disfrutar del banquete:
langosta, ensalada, arenques en escabeche
sazonados con licor escandinavo.
Sus ojos iluminan la estancia.
Él lame sus labios, se afloja la corbata
y señala a su amigo Ibsen,
quien, con la nariz aplastada contra la ventana,
todavía bajo la nieve, está esperando afuera.
Suscríbete para recibir actualizaciones
Comentarios
Más de Ron Riddell
Los más leídos
- Lluvia sobre el tejado de Tayi Tibble 1.2k visitas
- A mi hermano gemelo de Ian Wedde 1k visitas
- Pensamientos en torno a un proverbio sufí de Hone Tuwhare 830 visitas
- La muerte de Sócrates de Michael Jackson 721 visitas
- Desempleo de Tayi Tibble 696 visitas
- Estas flores blancas de C. K. Stead 549 visitas
- Hierro salvaje de Allen Curnow 485 visitas
- Incidente de Fleur Adcock 468 visitas
- ¿Por qué no hablas conmigo? de Alistair Campbell 436 visitas
- Instrucciones para leer un poema de Glenn Colquhoun 403 visitas
- Amigo de Hone Tuwhare 355 visitas
- Howard de Jack Ross 352 visitas

Rogelio Guedea