La silla
Es una habitación espaciosa al final de las escaleras,
con la puerta cerrada.
No recuerdo nada sino, en una esquina,
la silla de madera dura, redonda, una silla de cocina
y la niña sentada, la cabeza inclinada
sin levantar la vista para ver
quién ha llegado o se ha ido
pero llorando, llorando.
Ha llorado así toda mi vida;
no tienes que acercártele
o cuestionarte, indagar:
ella no espera eso,
nunca han habido indicios de consuelo.
Por la acostumbrada empinada continúo caminando,
estoy joven, vieja, fuerte o enferma; algunas veces
flaqueo -no importa. La silla permanece ahí
y, como si esto fuera todo en la vida,
la niña sigue sentada
e inclinada sobre el doloroso pie zambo
de su tristeza, remota
en la habitación cerrada de mis días.
Suscríbete para recibir actualizaciones
Comentarios
Más de Lauris Edmond
Los más leídos
- Lluvia sobre el tejado de Tayi Tibble 1.2k visitas
- A mi hermano gemelo de Ian Wedde 1k visitas
- Pensamientos en torno a un proverbio sufí de Hone Tuwhare 818 visitas
- La muerte de Sócrates de Michael Jackson 711 visitas
- Desempleo de Tayi Tibble 673 visitas
- Estas flores blancas de C. K. Stead 539 visitas
- Hierro salvaje de Allen Curnow 482 visitas
- Incidente de Fleur Adcock 451 visitas
- ¿Por qué no hablas conmigo? de Alistair Campbell 431 visitas
- Instrucciones para leer un poema de Glenn Colquhoun 392 visitas
- Vida interior de Jenny Bornholdt 340 visitas
- Amigo de Hone Tuwhare 338 visitas

Rogelio Guedea