El ataque a Badgad

en el atardecer un viento arreciado

tumbó los melocotones negros

de las ramas cargadas

uno a uno cayeron

y algunos terminaron entre las rosas

donde las espinas desgarraron su carne

otros fueron a dar a la ribera

y rodaron hacia el río

magullados y embadurnados de polvo

la arena oscura quedó manchada

de negro por la sangre de los melocotones

y cuando llegaron las avispas

y se excitaron

el aire crepitó con su deseo

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