Ronquidos
Esas personas que roncaban abajo en el pasillo
hace veinte años fueron tus padres.
Ahora ellos son tú mismo.
Esas personas en los sillones
buscando a tientas sus anteojos
con algo de sordera.
Sí, también lo fueron.
Han resucitado otra vez
en las bocanadas de tus ronquidos,
en el crujido de tus rodillas cuando deshierbas
las hojas de las espinacas primaverales.
Mira también esa llama de los tulipanes naranjas
que brotó de la tierra junto a las montañas:
una hija las plantó para recordar a su padre.
Y así vamos conduciendo de regreso al pasado
en ese viejo auto sin cinturones de seguridad
y frenosendebles. Y así vas a recoger las botellas de leche
por el camino de grava helada mucho antes
de que estuvieras consciente de la dolencia humana del ronquido.
Ahora acuéstate y escucha la sinfonía
de ronquidos. Ahí estás, dándote la espalda al director de orquesta,
pero entre el gran coro
de roncadores.
Suscríbete para recibir actualizaciones
Comentarios
Más de Richard Langston
Los más leídos
- Lluvia sobre el tejado de Tayi Tibble 1.2k visitas
- A mi hermano gemelo de Ian Wedde 1k visitas
- Pensamientos en torno a un proverbio sufí de Hone Tuwhare 818 visitas
- La muerte de Sócrates de Michael Jackson 711 visitas
- Desempleo de Tayi Tibble 673 visitas
- Estas flores blancas de C. K. Stead 539 visitas
- Hierro salvaje de Allen Curnow 482 visitas
- Incidente de Fleur Adcock 451 visitas
- ¿Por qué no hablas conmigo? de Alistair Campbell 431 visitas
- Instrucciones para leer un poema de Glenn Colquhoun 392 visitas
- Vida interior de Jenny Bornholdt 340 visitas
- Amigo de Hone Tuwhare 338 visitas

Rogelio Guedea