Antes del funeral

Las enormes hojas luminosas han caído
afuera de tu ventana
yacen casi rotas por la estación
de los pálidos cerezos.
En tu habitación, sola,
envuelvo y escondo absurdas
e innecesarias cosas:
tus libros, todavía listos y alertas,
parece, para ser comprendidos,
la ropa, seca y fría,
sorpresivamente todavía
con tus cabellos asidos a los collares,
pañuelos en estuches,
calcetines, torcidos, no listos
para la extraña negligencia de la muerte.
Mecánicamente útil,
hago preparativos para algún posible
imposible viaje que nadie
tomará; el trabajo me ayudará,
me dicen, y por supuesto
tu habitación no tiene nada
sino cosas, y está ordenada.
He puesto en su sitio tu vida.

Afuera en el jardín otoñal
un viento rapaz y fuerte
arrebata la luminosa precariedad
de las hojas. Las renegridas ramas
crecen. Se enredan, y se atenazan.
Y sin embargo el invierno está por venir.

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