Cómo me alisto

¿Qué canción tocarán si no vuelvo a casa esta noche?

Quería que alguien escribiera una canción para mí, luego alguien la hizo
pero era una canción que me incordiaba; se llamaba “Realmente, Ashleigh”

y pienso en la crueldad de los compositores mientras me alisto:
cómo su música hace que sus palabras suenen mejor de lo que realmente son
cómo nuestros sentimientos hacen que la música parezca mejor de lo que realmente es

y cómo la dificultad de alistarse es una pura y amarga dificultad,
como el cálculo. En la última fila, un estudiante alguna vez prometedor llora.
¿En qué se convertirá mi cara? Una línea de fusas.

Divido el día en una pared de días más pequeños
y manejables, cada uno de los cuales se vuelve negro
mientras paso flotando con mis pantalones de bicicleta y zapatillas de pedal

y veo que no me estoy alistando para nada; si todo
me está saliendo mal, trato al menos de ser encantadora
por el resplandor de un Adshel bajo la lluvia.

En la juventud se nos dice que nos levantaremos enteros
de nuestra tina de baño, de la reconfortante sopa de pleno invierno
de nuestra tristeza. No nos devoraremos esta noche.

El caldo oscuro siempre se vaciará de nosotros.
Nuestras piernas se vaciarán de nuestros cuerpos hacia el suelo
y nuestros pasos se vaciarán hacia el futuro. Pero el futuro está escondido

bajo gruesos nidos de grasa bajo las calles.
Se vierte en el mar, calentando delicadamente la tierra
y sus criaturas. Desciendo ahí mientras me alisto

y el aire da vuelta exponiendo suavemente
su vientre suave. Mi ropa de salida me espera
planchada con delicadeza, dispuesta como una desaparición.

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